12 dic. 2010

Historia, memoria y constitución

TECLADOS INVITADOS: J.F. OJEA RODRIGUEZ y S. PAZ GARCÍA.

En esta entrada se presentan los contenidos fundamentales del texto:

García Amado, Juan Antonio, “Usos de la historia y legitimidad constitucional”, en José Antonio Martín Pallín y Rafael Escudero Alday (eds.), Derecho y memoria histórica, Madrid: Trotta, pp. 47-72.

El objetivo es abrir el debate sobre la posición que sostiene el autor.


1. Historia, legitimidad y eficacia de las constituciones

La legitimidad de una Constitución se debe considerar desde un doble punto de vista: el objetivo o teórico (que varía según doctrina a la que atendamos y época en que nos movamos) y el de la creencia social sustentado en dos elementos esenciales:
1. Contenidos fundamentales de orden social sean justos.
2. La visión de estado como parte de un proyecto común.
De estos elementos surge la creación del concepto de “Nosotros” que tiene distintos sustentos (lengua, cultura común, etc.) entre los que debemos destacar el de una historia común.
No obstante el autor se cuestiona porque continuar siendo un estado-nación y porque seguir viviendo juntos y bajo una Constitución unificadora en este estado llamado España y recoge tres teorías o visiones:

•La cosmopolita: Sería la visión que se podría asociar con Unión Europea. En esta la Constitución Española es lo mas conveniente hasta que no se llega a la consolidación plena de estructuras supraestatales.

•Nacionalista: Sería la visión de España que considera que la Constitución Española es lo que mejor cuadra para la nación española sustentándose en la idea de que es mucho mas lo que nos une que lo que nos separa.

• Nacionalistas periféricos: Sería la visión del País Vasco, Cataluña y Galicia. Los cuales abogan por la sustitución de la Constitución actual, ya que, el estado español debe dejar paso a las demás naciones que conviven bajo el.
Los cosmopolitas y nacionalistas defienden la actual Constitución mientras que los nacionalistas periféricos buscan su sustitución.
Para intentar dar solución a esta pugna la historia juega un papel fundamental pero hay que tener en cuenta que la historia se recorta y selecciona.

2. Las etiquetas y dilemas de la izquierda

Para que una Constitución sea eficaz se debe creer en su legitimidad.
La legitimación en el franquismo se basa en una legitimación religiosa católica junto con una exaltación de España como una Nación única y unitaria.
El autor se pregunta cuales son las convicciones esenciales que deben legitimar la Constitución española y refleja el pensamiento de las distintas ideologías políticas sobre ello:

•La derecha: Siempre con ciertas reticencias a las autonomías y al bilingüismo, concibe la historia de España como la de la única nación verdadera y posible.
•Nacionalismo periférico: Se basan en historia para exaltar pugna histórica con España.
•Izquierda: Incapacidad para salir del laberinto ideológico en el que quedaron atrapados desde la transición. Ceden la defensa de la unidad de España a la derecha (reminiscencia del franquismo). Por lo tanto se refugian para legitimar este sistema en la justicia de este modelo constitucional respetuoso de la dignidad y los derechos de cada ciudadano democrático y con indudables contenidos sociales.
La Constitución se ve privada de su legitimación se ve modificad por Estatutos de Autonomía, surgiendo un conflicto de difícil solución.

3) La transición y el problema de la legitimidad histórica de la Constitución española.

La ley de Memoria Histórica supone el intento de la izquierda de retomar la historia de España como legitimación del vigente orden constitucional, por una vía distinta de la derecha y de su uso de la historia a tales propósitos.
La ley de Memoria Histórica tiene un propósito encubierto, “renovar los fundamentos históricos legitimadores del orden constitucional presente”, entroncar la constitución actual con la de la II República.
Se hace esto para hacer frente a la fragmentación que se estaba fraguando entre la historia de España y las otras historias “nacionales”, se intenta una nueva historia común a base de dejar atrás la transición y de ligar la legitimidad constitucional con la II República.

4) Derechos de la ley.

-Propósito rehabilitador de las víctimas del franquismo y reconocimiento de injusticias.
-Muchos derechos ya existentes para las víctimas van a ser ampliados.
-Se incorporan algunos derechos nuevos:

•Adquisición de la nacionalidad española de origen por nietos de quienes perdieron su nacionalidad española o tuvieron que renunciar a ella como consecuencia del exilio.
•Posibilidad de adquirir la nacionalidad española a los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales.

-La ley tiene un uso más político que estrictamente jurídico.

11 comentarios:

David Pérez Pérez dijo...

Soy David Pérez Pérez, estudiante de Historia y Teoría de los Derechos Humanos y mi pregunta va relacionada con la “ Las etiquetas y dilemas de la izquierda “; en primer lugar no entiendo la causa de que no le ponga nombres y apellidos, esta claro que España tiende hacia un bipartidismo, por un lado la “izquierda” del PSOE y por otro lado los partidos de derecha como es el Partido Popular, por mucho que se ponga diversos motes y apodos algunos ciertamente graciosos como “partido de centro” u otros que insultan a la inteligencia humana que si bien no lo consiguen, al menos lo intentan como son la falacia de “partido de los trabajadores”. Son de esas frases que uno guarda gratamente en la memoria, cosas del estilo del gobernador de Florida, hermano de Bush de cuyo nombre es mejor no acordarse, que dijo que España era una república y la otra con más expresamente irónica hasta la saciedad como fue el “Se dice, se siente, Mariano presidente”.

En otro punto, su punto de vista sobre los nacionalismos, y como la “izquierda” de cuyo nombre no quiere acordarse es influenciada (por no decir el verbo usado en la compraVENTA), a cambio de otro tipo de favores a estos grupos políticos, por lo que en conclusión, si bien no estoy de acuerdo con las formas, si lo estoy con el fondo de que en España la “izquierda” se limita prácticamente a grupos minoritarios, mientras que el partido mayoritario se está convirtiendo en una comparsa de bancos, grandes empresarios y los brokers del parqué madrileño.

Concluyo con una pregunta que espero no sea retórica, ¿cree usted que realmente gobernará la izquierda (la de verdad, no esta de pacotilla) en España? Y otras dos que aunque no esta relacionada
explicitamente con el texto viene a colación con los nacionalismos, en primer lugar: ¿Por que hay tanto miedo en este país a la autodeterminación de los pueblos, cuando se grita a los cuatro vientos cuando pasa en países del tercer mundo? ¿La llegada al poder de CiU da visos a la independencia de Cataluña?

Gracias y un saludo

Anónimo dijo...

J.F. OJEA RODRÍGUEZ


No estoy de acuerdo con la concepción que mantiene el autor de los nacionalismos como algo negativo que puede llegar a poner en serios problemas el sistema constitucional actual. De esta idea se desprende una incompatibilidad de la nación española con la defensa de los nacionalismos autonómicos. Nos introduce un sentimiento nacional defendido única y exclusivamente por el Partido Popular y que en muchos casos es mal visto como una herencia del franquismo (esto se puede deber a que muchos de los actuales dirigentes de este partido todavía no han condenado el régimen franquista vease el caso de Esperanza Aguirre).
Sostiene que la defensa de los nacionalismos puede incluso llegar a hacer quebrar el sistema constitucional y en cierta manera se deduce que se trata de ideas contrarias a esto, pero ¿el no tener en cuenta el pensamiento de miles de personas no es el mayor quebrantamiento posible de un sistema constitucional y democrático en el cual se debe dar cabida a las distintas opiniones y creencias de sus ciudadanos?


En cuanto a la Ley de Memoria Histórica estoy de acuerdo que es una ley totalmente politizada. Sin embargo discrepo con la idea que sostiene en que debe ser llevada a cabo su aplicación de esta ley en el futuro cuando los historiadores no estén politizados o no viva la historia sumida en una continua politización, porque lo que está proponiendo es que se deje pasar el tiempo algo de lo que a día de hoy carecemos (muchas de las victimas han muerto).
Han pasado más de treinta años desde la muerte del dictador Franco y todo lo acontecido desde la guerra civil hasta su muerte se ha silenciado. La Ley de Amnistia es una excusa para evitar la persecución de las más graves violaciones de los derechos humanos cometidos durante el régimen franquista.
Por eso es ya hora de reconocer a las víctimas de una forma expresa y aunque esta ley de Memoria Histórica sufra de politización es un primer paso o principio hacia unos pasos que ya se tendrían que haber dado y que no se pueden evitar.
Si seguimos adelante con su idea (en un futuro cuando historia no politizada) seguirá habiendo un problema sin solución y lo único que se hará es posponer esta. Incluso si en un futuro se llevase a cabo su idea quien nos asegura la no politización de los historiadores.
En definitiva, creo que el estudio en un futuro es posible y lo mas recomendable cuando se trata de hechos sustancialmente relevantes que pueden estar inmersos en politización (la culpa de la quiebra de un sistema política, el motivo de las expansiones de los diversos estados,etc). Pero no cuando se trata de violaciones de los derechos humanos donde no debe caber politización alguna por parte de ningún del partido político. Porque lo que hubo en España fue una de las mayores dictaduras del mundo donde muchas de las victimas de ella aun no han tenido el reconocimiento que se merecen y muchas ni siquiera han podido vivir para verlo.

Anónimo dijo...

Respecto a la Ley de Memoria Histórica estoy de acuerdo que es una ley totalmente politizada. Sin embargo discrepo con la idea que sostiene en que debe ser llevada a cabo su aplicación en el futuro cuando los historiadores no estén politizados o no viva la historia sumida en una continua politización, porque lo que está proponiendo es que se deje pasar el tiempo algo de lo que a día de hoy carecemos (muchas de las victimas han muerto).
Han pasado más de treinta años desde la muerte del dictador Franco y todo lo acontecido desde la guerra civil hasta su muerte se ha silenciado. La Ley de Amnistia es una excusa para evitar la persecución de las más graves violaciones de los derechos humanos cometidos durante el régimen franquista.
Por eso es ya hora de reconocer a las víctimas de una forma expresa y aunque esta ley de Memoria Histórica sufra de politización es un primer paso o principio hacia unos pasos que ya se tendrían que haber dado y que no se pueden evitar.
Si seguimos adelante con su idea (en un futuro cuando historia no politizada) seguirá habiendo un problema sin solución y lo único que se hará es posponer esta. Incluso si en un futuro se llevase a cabo su idea quien nos asegura la no politización de los historiadores.
En definitiva, creo que el estudio en un futuro es posible y lo mas recomendable cuando se trata de hechos sustancialmente relevantes que pueden estar inmersos en politización (la culpa de la quiebra de un sistema política, el motivo de las expansiones de los diversos estados,etc). Pero no cuando se trata de violaciones de los derechos humanos donde no debe caber politización alguna por parte de ningún del partido político. Porque lo que hubo en España fue una de las mayores dictaduras del mundo donde muchas de las victimas de ella aun no han tenido el reconocimiento que se merecen y muchas ni siquiera han podido vivir para verlo.

Anónimo dijo...

Mi nombre es María y después de haber leído el texto coincido con el autor en algunas tesis, sin embargo en otras muestro mi total desacuerdo. Haciendo referencia a Ley de la Memoria Histórica coincido con el autor en su carácter político, esto es, es una ley politizada. Ello es así porque las izquierdas lo utilizan como instrumento político, y no verdaderamente como un deber de devolver el honor y la dignidad a muchas personas a las que le fueron arrebatados sin ningún pudor. Me parece así, realmente absurdas muchos de los derechos que en ella se reconocen, tales como la posibilidad de la adquisición de la nacionalidad española por parte de los miembros de la Brigadas Internacionales, ya que siendo francos y realistas, muy pocos de esos brigadistas viven hoy para recibir esa gratitud, y mucho menos para disfrutarla.
Así, creo sinceramente que esta Ley ha llegado tarde, y que no es en absoluto una Ley que se haga para reivindicar de modo alguno la dignidad de las victimas, sino que no deja de ser otro instrumento político más, quizás con otras pretensiones u objetivos que se alejan de lo que verdaderamente sería una Ley de la Memoria Histórica.
Dicho esto, mostraré ahora el punto en el cual me encuentro en desacuerdo con el autor, y no es otro que la afirmación de que la izquierda española se encuentra en el laberinto ideológico en el que se quedaron atrapados en la transición, añadiendo además que ceden en la defensa de la unidad de España a la derecha (reminiscencia del franquismo). Pues bien, estoy en absoluto desacuerdo con dicha afirmación, ya que la izquierda cumple un papel relevante hoy en día en el sistema político español, como una opción política alejada de la derecha.
No por ello deben negar evidencias, la evidencia de un Estado integrado por Comunidades Autónomas, todo ello bajo la unidad que representa la Constitución. Esto no es una reminiscencia del franquismo, y ello en base a que hoy en día nuestra propia Constitución garantiza en su artículo dos la autonomía de las regiones y nacionalidades que la integran. El reconocimiento de dicha autonomía equidista del concepto de Estado que se proclamaba en el pasado franquista.
Así, creo que la Constitución es la ley fundante básica de nuestro Ordenamiento jurídico, pero también representa el anhelo de libertad, hoy en día constituido incluso como derecho, por el que muchos españoles lucharon. Permítame pues el autor, decir que considerar una reminiscencia franquista la unidad de España como tal es un concepto equivocado en mi opinión, ya que hoy en día la unidad de España convive con total armonía con la autonomía de las Comunidades autónomas, y ello gracias, en parte, al amparo de nuestra Constitución, que, lejos de separarnos, debe ser un nexo de unión y un motivo de orgullo para todos y cada uno de los españoles.

Anónimo dijo...

José Jaime Andujar, alumno de Teoría e Historia de los Derechos Humanos, expone:


Bajo mi punto de vista, con la Ley de Memoria Histórica no se pretende hacer un uso político. No obstante, es posible que algunos políticos quieran hacer un uso de ella, pero la intención de la ley no es ni debería ser esa. Esta Ley, que en mi opinión llega tarde debe tener el ansiado fin de devolver el honor y la dignidad a muchas personas, de reinvidicar los derechos de las víctimas de la Guerra Civil y del Franquismo. Creo que en esto deberíamos ir todos a una, y no utilizarla con otras pretensiones u objetivos que no sean los citados. La Ley también tiene el objeto de renovar los fundamentos históricos de la Constitución, y de entroncarla con la Constitución Republicana del año 1931, al que le debe la actual muchos derechos. Con la Ley de la Memoria Histórica estoy totalmente de acuerdo, aunque no comprendo uno de los derechos que reconoce, la nacionalidad a los brigadistas internacionales. Es algo simbólico, y consecuencia también de la tardanza con la que, en mi opinión, llegó esta ley.

También creo que en la España de hoy en día, la España constitucional, no se debe considerar la unidad como una reminiscencia del franquismo. Nuestro país hoy en día se basa en la pluralidad, y ello en base a que nuestra Constitución reconoce en su artículo 2 la autonomía de las regiones y nacionalidades que la integran. La Constitución representó el deseo de libertad que hubo en el posfranquismo, un derecho por el que muchos españoles lucharon. A ellos también se les debe la Ley Suprema. Por consiguiente, creo que en la actualidad la unidad de España convive con armonía con la autonomía de las Comunidades Autónomas, gracias a la ley suprema

Anónimo dijo...

¡Hola! Soy Patricia.

En primer lugar, quiero decir que el artículo “Usos de la Historia y Legitimidad Constitucional” me ha parecido muy interesante.

Mi opinión es la siguiente:

El gobierno de Rodríguez Zapatero alega que es necesario recordar para no volver a cometer los mismos errores y dice que la oposición no entiende que esta ley pueda no reavivar viejas rencillas, sino cicatrizar las heridas de una gran parte de españoles que tienen que cargar con el olvido y con aquella humillación.

Es cierto que la Ley de Memoria Histórica hace una proclamación general del carácter injusto de todas las condenas, sanciones y expresiones de violencia personal producidas por motivos políticos o ideológicos durante la Guerra Civil y la dictadura posterior.

La Ley de la Memoria Histórica es un reconocimiento simbólico a los vencidos.
Sin embargo, el preámbulo de la ley glorifica la transición a la democracia como un proceso modélico. ¿Qué tiene de modélico un proceso político que consolidó el olvido y la impunidad de un genocidio político? Que se aceptara la Ley de Amnistía no quiere decir que no se pueda reflexionar sobre lo que se hizo mal.


No obstante, también debo decir que estoy de acuerdo en que esta ley tiene un uso más político que estrictamente jurídico. Considero que pudo llevarse a cabo mucho antes, y que ahora, después de tanto tiempo quizá provoque un debate público y de revancha política, generando todavía más diferencias.

Cuando la Historia deja de estar en manos de los historiadores y se convierte en memoria gestionada por un Gobierno, podemos caer con facilidad en la “reinvención del pasado”, y como recuerda George Orwell, “quien controla el pasado, controla el futuro”.

Anónimo dijo...

Soy Adrián,yo creo que la derecha en España desde sus inicios tuvo una ideología retrogada y todo lo que sea innovar y progresar con ideas nuevas fue criticado.
Con la ley de la memoria histórica pasa lo mismo su oposición se entreve al tacharla como estrategia politica desde la izquierda.
La izquierda lo que intento hacer con ella fue construir una España mas democrática en la que se reconociesen los valores y derechos olvidados en el franquismo.

Anónimo dijo...

En la actualidad, no parece que la Constitución del 78 se encuentre totalmente legitimada, entendiendo este concepto como el común acuerdo de la generalidad de los ciudadanos españoles de lo que en ella se contempla.
Como indica el artículo, hay diversas ideologías y maneras de sentirse apegado a un determinado territorio. En mi opinción, a lo que tendemos es al nacionalismo periférico, pues bajo la idea de España, hay espacios que se sienten con indentidad propia y que cada vez se sienten menos identificados con la actual Constitución, quizás por contener reminiscencias de la dictadura, sobre todo al ser tan ambigua en determinadas materias.
También creo que la excesiva rigidez de nuestro texto constitucional no ayuda a que nos sintamos identificada con ella puesto que hay preceptos que se quedan obsoletos y que por “miedo” no se reforman.
Bien es cierto que los defensores de cada ideología utilizan la historia según le convenga para apoyar sus tesis. Pero es tarea de los historiadores decir qué hay de cierto en cada una de las posturas.
No estoy de acuerdo con el autor cuando dice que si un político de izquierdas defende España, lo hace compartiendo con la derecha su apego a la vieja idea de patria heredada del franquismo. Creo que en la actualidad se ha superado esta idea, admitiendo a cualquier político la defensa de España con independencia del color que sea y sin pensar en aspectos del pasado.
Respecto a la Ley de Memoria Histórica, estoy de acuerdo en que se ha utilizado, como tantas otras cosas, para influenciar el voto de los ciudadanos. Ahora bien, sí creo que es necesaria una Ley (si no ésta, que no parece ser suficiente) que de una vez por todas repare en la medida de lo posible todos los daños silenciados durante tanto tiempo.

Anónimo dijo...

SANTIAGO PAZ GARCÍA

En relación a la legitimidad histórica de la Constitución española, mi opinión es que la Constitución surge debido a una serie de sucesos que desembocaron en la realización del texto constitucional , sucesos que se remontan no sólo a la transición, si no que tienen su origen ya durante el franquismo más tardío, y claro está, el texto constitucional tiene relación con las demás constituciones democráticas de los países de nuestro entorno más cercano y lógicamente con la Constitución española de 1931, que fue pionera en la incorporación de muchos de los derechos que ahora disfrutamos y que estuvieron ausentes durante más de 40 años.
Pero no se trata de hacer un estudio de los orígenes de la Constitución del 78, se trata de buscar su legitimidad, y esa lucha por encontrar la fuente de la legitimidad es la que mantienen en la actualidad los partidos políticos, cada uno con sus propios intereses por supuesto. Por ello, dice el autor que la Ley de Memoria Histórica tiene un uso más político que estrictamente jurídico, porque es un instrumento que utiliza la izquierda en su lucha por encontrar la verdadera legitimidad constitucional. Sería utilizar la memoria para encontrar la antigua legitimidad.
Pero mi pregunta es, ¿qué quiere decir el autor con la palabra “legitimidad”?, ¿Hemos convivido 35 años con una norma suprema que no es legítima?, ¿Pudo haber sido legítima en su momento e ir perdiendo su legitimidad?.
Una Constitución es un juego dialéctico entre el ser y el deber ser, la Constitución de un país es dinámica, es un duelo permanente entre el ser y el deber ser, un duelo permanente entre la norma y la realidad. Una Constitución no sería tal si no refleja la realidad política de un Estado. ¿En la actualidad la Constitución española refleja la realidad política del Estado?
Quizás si fuera cierto que refleja la realidad política del Estado los grupos políticos no se plantearían su legitimidad.

Anónimo dijo...

Román, alumno de Teoría e Historia de los Dchos. Humanos:
Más allá de ciertas discrepancias y coincidencias con lo expuesto por el autor del texto, me interesa analizar una idea concreta, la legitimidad actual de la Constitución española.
Dado que no veo que el autor se posicione claramente a favor o en contra de si la Constitución española está actualmente legitimada, deduzco, de la lectura del texto, que para el autor si está legitimada, algo que choca con mis pensamientos. En mi opinión la Constitución fue un importante instrumento organizador durante un buen periodo de tiempo y completamente legitimado (referendo popular favorable), pero desde hace más de una década su legitimidad está totalmente “por los suelos”, está constantemente en el punto de mira.
Dentro de este tema me llamó la atención la pregunta que lanza el autor de que: ¿Por qué seguir conviviendo bajo los términos y los alcances de la Constitución española de 1978? La respuesta que según el autor, darían los nacionalismos llamados “periféricos” me sorprende aun más: estos “mantendrán que las estructuras constitucionales vigentes deben dejar paso a otras, pues el Estado español no es un verdadero Estado-nación y debe ceder su sitio a tantos Estados o unidades político-jurídicas autodeterminadas como naciones son forzadas hoy –y forzadas por y desde la vigente Constitución- a convivir bajo él”.
En mi opinión y aunque el autor puntualice más adelante – aquellos que reclaman su sustitución por una pluralidad de Estados nuevos plenamente independientes o por un Estado nuevo de estructura abiertamente confederal, mera alianza libre de Estados-nación soberanos – es en estas cosas donde se produce la ilegitimidad de nuestra presente Constitución, en la polarización, nacionalismo periférico=independentismo y nacionalismo español=unidad. Aunque parezca complejo de entender me explicaré. Lo que quiero decir es que las cosas no son así de radicales, no es que la prioridad de los nacionalismos periféricos sea conseguir una verdadera independencia sustituyendo la carta magna, ni consideran el Estado español como un falso Estado-nación y a la Constitución como una norma que los “somete” a algo que no quieren, sino que van más allá, no entran en el “sometimiento” o no, no entran en que se debe sustituir el régimen político actual y con ello la Constitución, sino que consideran que se debería preguntar qué es lo que el pueblo quiere, es decir, no se consideran “sometidos”, sino “incomprendidos” porque nadie escucha lo que verdaderamente piden, que es poder debatir acerca de la Constitución, más allá de su sustitución o no. Los nacionalismos “periféricos” piden poder hacer referendos, preguntas… al pueblo, no entran en el cambio de régimen, ese es un tema que se deberá abordar después.
Así, la respuesta de los nacionalismos “periféricos” al por qué seguir conviviendo con la actual Constitución, sería otra según mi opinión: mantendrían que es necesario hacer un análisis popular de la realidad político-social para así adecuar la Constitución a la vida real, ya sea, reformándola, sustituyéndola o manteniéndola; y mantendrían que no necesitan de nuevas estructuras políticas para declarar su autonomía porque son naciones [que por otra parte no se autodeterminan así, sino que conceptualmente son naciones: territorio propio; pueblo históricamente definido (cultura propia y distinta a la española, lengua propia…) y politicidad entendida como búsqueda de fines concretos e individualizados en términos políticos].

Anónimo dijo...

Román-continuación


Por tanto, lo que los nacionalismos “periféricos” consideran prioritario es dar voz al pueblo, que el pueblo manifieste que es lo que quiere, hablando así de un nacionalismo simbólico necesario para poder después discutir en términos políticos si conviene un Estado independiente, o la pertenencia a un Estado federal, o seguir del con el régimen de las autonomías… Es eso, lo que desean los nacionalismos periféricos –sin perjuicio de que algunos tengan fines independentistas – poder dar voz a las reivindicaciones del pueblo, y a partir de ahí formar la estructura política más acorde a dichas peticiones.
Todo esto que acabo de decir lo utilizo para defender mi tesis de que la Constitución no está legitimada, porque los pueblos nacionalistas no se ven respetados por el resto de España cuando debaten sobre su autodeterminación, y a su vez el resto de España no se siente respetada cuando los pueblos nacionalistas entran en estos debates, por lo que hay un sentimiento en unos y en otros de que es menos lo que los une que lo que los separa. Para superar este sentimiento considero que necesitamos una mayor participación del pueblo en la vida política, sólo de esa manera superaremos la ilegitimidad constitucional, la voluntad popular es la única fuente de legitimación, y si es voluntad del pueblo la reforma o la sustitución de la norma fundante básica, pues el cambio legitimará nuestro constitucionalismo; y si es voluntad del pueblo no “tocar” la norma fundante básica, este mantenimiento legitimará de nuevo la Constitución.

Por cierto, no es verdad que los textos que se imponen en las escuelas y colegios de las Autonomías gobernadas con ánimo nacionalista sean “tremendamente” similares a los utilizados en el franquismo. Cuando en Galicia gobernó BNG junto con PSOE yo estudiaba en el instituto, aparte tuve profesores nacionalistas, y nadie me enseño Historia de Galicia y/o de España adulterada.