13 ene. 2011

Snuff Movies: torturas, asesinatos y violación en el cine y en la red

Con esta entrada doy comienzo a la difusión de algunos de los trabajos realizados a lo largo del curso de Filosofía del Derecho que acaba de finalizar. Son sólo una pequeña y variada muestra del trabajo realizado.

TECLADO INVITADO: ANTÍA RODRIGUEZ RIVAS

La Filósofa italiana Michela Marzano en el libro “La muerte como espectáculo” hace un estudio sobre las imágenes violentas que circulan por internet, cuestionándose si esos miles de espectadores las visionan por considerarlas una fuente de información o por intriga ante la muerte en directo, si realmente debemos permitir su accesibilidad, pues ésta conduce a la indiferencia.

Trata el tema de las películas Snuff, a las que califica de clandestinas, de público restringido, por las que se pagan grandes cantidades de dinero y que recogen la humillación, el sufrimiento y la muerte reales. Podemos hablar de una evolución desde los rumores que comenzaron a circular sobre esas películas en los años setenta hasta la situación actual, y que la autora recoge en este ensayo, denunciando la indiferencia frente al sufrimiento de los demás, la cual es consecuencia de la vuelta al sacrificio humano.

Joseph Horman (sargento de la policía de Nueva York), en 1975 habló de la existencia de películas clandestinas en rollos de 8 mm. El New York Post y el Daily News trataban las investigaciones del FBI sobre esas cintas. En registros de la policía se encontraron películas que mostraban violaciones y muertes reales realizadas por asesinos en serie. Sin embargo su finalidad no era su difusión ni comercio, por lo que no se pueden considerar verdaderas Snuff. La industria cinematográfica empieza a tratar el tema en películas como Hardcore (1979), Videodrome (1982), Tesis (1996) y Asesinato en ocho milímetros (1999).

Comienzan a salir en internet vídeos de mala calidad que muestran malos tratos, violaciones y asesinatos reales, como los malos tratos y asesinatos a civiles del año 2000 en Chechenia, la ejecución de Sadam Husein (2006), etc. El problema es el espectáculo formado alrededor de esos vídeos, cuyo objetivo no es la información (como las imágenes tomadas por los reporteros) sino el entretenimiento, la diversión que causan a quienes las visionan.

Surge en Inglaterra en el año 2004 un nuevo fenómeno social llamado “happy slapping” (“felices bofetadas”), que consiste en agredir a una persona mientras otra filma con una cámara o un teléfono móvil, después se difunde en internet con el objetivo de que esa situación, que pretende humillar a la persona, sirva de entretenimiento.

Esto que expone la autora es la situación actual, se ha formado un espectáculo alrededor de estos vídeos, que causan admiración, divertimento (Marzano hace referencia a la similitud de esta “realidad horror” con el Circo Romano y las ejecuciones públicas de la Edad Media, que movían multitudes) o total y absoluta indiferencia. Hacia el final del libro, Michela concluye que “mirar la tortura o el asesinato de alguien en directo puede desestabilizar, repugnar, dejar indiferente, excitar, pero en ningún caso informar sobre la realidad”; se deben analizar los acontecimientos con imágenes explícitas pero no conducir a ese espectáculo, y tampoco es la censura la respuesta, sino hacer entender al público que esas imágenes no son información, lo que analizaré más tarde.

Las Snuff Movies son películas clasificadas, dirigidas a su comercialización ilegal, que muestran torturas y todo tipo de vejaciones y terminan con la muerte real de la víctima. Se las relaciona con ritos satánicos, redes pedófilas pero sobre todo, con millonarios que pagan por ellas grandes sumas de dinero. Es imposible encontrar verdaderos ejemplos de snuff movies por su distribución marginal. Se dice que la protagonista es a veces víctima de un secuestro, y otras veces, se trata de un film sadomasoquista en el que la actriz participa de forma voluntaria, sin saber que terminará siendo asesinada. Respecto a los lugares donde son supuestamente filmadas algunos opinan que en selvas sudamericanas, playas tailandesas, en la residencia de algún rico empresario, en El Paso en la frontera entre México y EEUU… Se sigue discutiendo su existencia, habiendo quienes sostienen que son un invento para sacar dinero. Sea como sea, en 1980 Al Goldstein (director de la revista Screw) ofreció 250.000 dólares y hace unos años, Frank Henenlautter (director de cine hardcore) un millón, a quien le mostrara una verdadera snuff y nadie se presentó.

Se aviva la creencia en ellas por hechos diferentes, como que la policía italiana desmanteló una banda en Moscú que torturaba niños y luego vendía las imágenes; The Times, en el 1990 publicó que tras una investigación policial había evidencias de asesinatos de inmigrantes mexicanos para películas snuff. Entre los antecedentes de las snuff, está una cinta del año 74 exhibida en algunos cines de Nueva York, con el título “Snuff” de la cual se decía que tenía escenas reales de un crimen. Para promocionarla se utilizó la frase “filmada en Sudamérica, donde la vida es barata”. Es a partir de aquí cuando surge el interés y la morbosidad por este tipo de películas.

Del asesino en serie David Berkowitz se dijo que filmó el asesinato de Stacy Moskowitz en Brooklin, en el año 77, para vender la cinta a un empresario aficionado al porno. Hay montones de casos más, declarados falsos por el FBI y otras Agencias de Policía. Sea como sea, me remito a lo dicho por Joel Schumacher (que también recoge Marzano en su libro), “no solamente quisiéramos no ver nunca películas de este tipo, sino que, en lo más profundo de nosotros mismos, rezamos para que no existan realmente…”, y el director de Hardcore, Paul Schrader “…es posible que existan, pero existan o no es menos importante que la creencia de la gente en su existencia; es la voluntad de creer en una fantasía maligna. Eso hace al mito interesante”; por ello han despertado el interés de la gente, y muchas series de televisión, cómics manga y películas versan sobre el tema, como las siguientes:

- “El Fotógrafo del Pánico” (1959) de Michael Powel, sirve de precedente a las demás (y según alguno, a las reales), en ella un psicópata consigue captar el rostro de sus víctimas (mujeres muy bellas) en el momento en que están muriendo.

- “Hardcore” (1979) de Paul Schrader, trata de la búsqueda de un padre a su hija desaparecida, a la que al final logra rescatar del mundo del porno en el que voluntariamente había entrado, y llevarla a casa, no sin antes presenciar una snuff movie en la que mueren 2 personas (no es muy agresiva, a diferencia de las que aparecen en películas posteriores, pues no hay tortura).

- “Videodrome” (1982) de David Cronenberg, en ella, el protagonista descubre que además de pornografía sadomasoquista, una cadena de televisión por cable emitía películas snuff.

- “Tesis” (1996) de Alejandro Amenábar, recoge la situación que Ángela (Ana Torrent) descubre al buscar información para su tesis sobre la violencia en el medio audiovisual; su director de tesis muere tras visionar un film, que resultó ser una snuff film en la que asesinaban y torturaban adolescentes, estando involucrados un profesor y un alumno (un poco psicópata).

- “Asesinato en ocho milímetros” (1999) de Joel Schumacher; el protagonista es un detective privado (Nicolas Cage), que investiga una película encontrada en la caja fuerte de un millonario fallecido, en la que torturaban y finalmente mataban a una jóven; al final del film se descubre que había sido encargada por el fallecido, a cambio de una gran cantidad de dinero.

- “La Cámara Secreta” (2002) de Marc Evans; el film empieza con un anuncio en internet que busca participantes para un Gran Hermano que se trasmitirá por internet, pero los seleccionados terminan descubriendo que realmente se trata de una snuff movie, en la que ellos serán las víctimas.

à “A serbian film” (2010), de Srdjan Spasojevic y la censura.

El protagonista es Milosh, que ha sido una figura muy importante del porno serbio, atraviesa una mala situación económica, teniendo que participar en películas (porno) de escasa importancia para conseguir dinero. Está casado y tiene un hijo pequeño. Una antigua compañera de trabajo lo pone en contacto con Vukmir, quien quiere contratarlo para una película porno a la que define de experimental y artística, sin darle más referencias. Milosh termina aceptando la oferta, y comienza un rodaje un tanto particular, que aviva la desconfianza del protagonista (pues no quiere realizar ningún tipo de tortura y mucho menos trabajar con menores). Cuando decide poner fin a su participación en el film (pues no cambia su decisión pese a su conversación con Vukmir, quien le muestra una cinta de un coito con un recién nacido, a la que define como “un género nuevo”), es drogado con afrodisíaco para ganado, y termina realizando las depravadas órdenes de Vukmir (torturas, violaciones, asesinatos, pedofilia, etc).

Se trata de una película polémica, sobre todo por las imágenes de incesto y pederastia; se ha convertido en un símbolo de la libertad de expresión, y por ello recibió el Premio Especial del Público en la “XXI Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián” (donde no pudo proyectarse por poder incurrir en un supuesto delito contra la libertad sexual).

Sin embargo no entiendo esta censura, pues como dice Nacho Vigalondo “la representación de un delito jamás puede ser equiparable al delito en sí mismo”. Es una película dura, provocadora, con escenas que impactan, pero no deja de ser ficción. Además nos transmite una sensación de repugnancia no sólo por las imágenes desagradables, también por el hecho de que las realiza una persona a la que también le resultan depravadas, pero las realiza por estar bajo el influjo de las drogas. Esto permite al espectador reflexionar sobre cuestiones como la pederastia, la tortura y las violaciones, que son una realidad hoy en día, desde luego el film no deja indiferente a nadie (también muestra coitos con cadáveres).

En muchos foros se comenta que las prohibiciones de las que está siendo objeto el film son una muestra de intolerancia, una vulneración del derecho a la libre expresión, etc, y en realidad considero que es así, pues quizás el problema sea no los temas que trata, sino que es demasiado explícita, pero no por ello debe ser censurada, se debe dar la opción a una persona adulta de verla o no, y extraer sus propias conclusiones.

El fenómeno de la censura surge en el primer tercio del siglo XX, cuando distintas asociaciones vecinales y religiosas comenzaron a realizar protestas sobre los contenidos de las películas, considerando que causaban un influjo negativo en los jóvenes, siendo respaldados por la ciudadanía, lo que obligó a retirar del mercado cinematográfico todo el material considerado ofensivo. Este fenómeno afectó durante años a los proyectos de las cinematográficas, entre ellas las europeas, a las que se incentivó con ayudas económicas para realizar un control de los contenidos. Pero generalmente la censura se realiza a la película ya producida, prohibiendo su difusión, o en muchos casos eliminando escenas que no podían verse en un determinado país, por su contenido moral, político o religioso (en nuestro caso, la censura franquista).

En su ensayo, la filósofa Michela Marzano, al tratar el tema de los vídeos con violencia y asesinatos reales que circulan por internet, concluye que la censura no es la solución (postura que comparto), que hay que concienciar a la gente, pues visionar íntegramente esos vídeos no supone estar informados, pues si en este caso la censura no es viable, menos aún en una escenificación. No hay nada de malo en ver una película que lo que hace es mostrarse crítica respecto a esas acciones (y esa finalidad crítica persigue su director), lo malo es ver vídeos reales cuya finalidad es precisamente incentivar las conductas que recogen y aún por encima muestran sin filtro alguno el sufrimiento o humillación reales de las personas, e incluso la privación de la vida. La censura sólo provoca mayor interés, le da mayor importancia y publicidad a la película (o vídeo), y la censura no ha impedido la difusión del film por internet.

El problema de este tipo de películas, no es el mensaje que pretenden transmitir, no son los hechos que recogen en sí (pederastia, incesto, violaciones, torturas…), pues son temas reales pero escenificados, el problema son las imágenes explícitas, pero su visualización debería quedar a decisión de los espectadores potenciales, al igual que en el resto de películas, no se puede “hacer callar” a los directores.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Alumna nº 16.

Un análisis muy bueno e interesante, y también muy informativo, sobre las snuff movies. La verdad es que, en mi caso, no tenía mucho conocimiento sobre este tipo de películas.

Particularmente no creo (y no quiero creer) que este tipo de películas "reales" existan; aunque también es cierto que, en el mundo actual y dada la cantidad de monstruosidades que vemos muchas veces en las noticias (pederastia, secuestros larguísimos por motivos sexuales, adolescentes de muy corta edad cometiendo asesinatos, etc.), no sería totalmente descabellado pensar que pueda existir este fenómeno. No obstante, considero que se trata más bien de una especie de "leyenda urbana" fruto del morbo.

También está el caso, como bien explicas en el trabajo, de las películas de ficción cuya trama gira entorno al fenómeno de las snuff (como "Tesis" o "Asesinato en 8 mm"). Mi opinión es igual que la tuya: son producto de la libertad creativa y artística y no creo que deban ser criticadas; son films totalmente ficticios que pueden gustar o no pero que se limitan a contar una historia inventada; no creo que se deban censurar sino que cada persona es libre de decidir si quiere verla o no a pesar de su violencia o crudeza.

Me gustaría mencionar una película en concreto: "Holocausto caníbal". En su día se dijo que se trataba de un film real en el cual los protagonistas morían realmente. Es más, el director tuvo que probar que los actores estaban vivos para librarse de una grave acusación de homicidio. Se trató más bien de una estrategia comercial de los creadores para crear expectación y polémica y así ganar espectadores (algo parecido a lo que hicieron los autores de "El proyecto de la bruja de Blair" años después). De hecho, creo que muchas veces se habla de este tipo de películas por cuestiones de márketing y porque es evidente que hay un público al que le interesan.

Anónimo dijo...

Elena González González

Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de mi compañera, tanto en lo relativo al fin último de este tipo de películas (de las que hasta ahora desconocía su existencia), como en la oposición total a la censura de las mismas.
Creo que es innegable que la censura, a todos los niveles, supone una coacción a la libertad de expresión, y esto se ve más palpable si se realiza ésta en instrumentos tan cercanos al público en general como lo es el cine. La censura no me parece nunca la opción, sino que opino que lo que se debería en estos casos es prevenir al público con un mensaje antes de su inicio acerca de lo brutal de su contenido, para que así ellos, libremente, acepten o no su visualización, con las consecuencias que su decisión conlleven.
Por otro lado, considero un argumento de lo más falaz la justificación a la censura a una de estas películas por poder suponer su proyección un delito contra la libertad sexual. Creo que en estos casos no podemos olvidar que, por encima de todo, se trata de una película, esto es, una representación ficticia, más o menos representativa de la realidad, pero, al fin, una película, por lo que está fuera de toda lógica el pretender dar un contenido delictivo a estas representaciones. En mi opinión, el fin último de este tipo de argumentaciones descansa en el querer privar de difusión a estas películas, por lo que se ve, casi a toda costa.

Anónimo dijo...

Alumna Nº15 Eva María Rodríguez Zarauza

Respecto a este tema planteado por mi compañera, estoy de acuerdo en que no se debe directamente censurar este tipo de películas, y no permitir que alguien mayor de edad pueda verlas, ya que se estaría limitando la libertad de expresión, especialmente en el caso en que se trate de películas filmadas con actores. No obstante, sí que creo que si son especialmente violentas o muestran acciones ya no delictivas sino especialmente crueles se debe controlar que personas que todavía no estén formadas puedan acceder a ellas. Y la verdad si somos sinceros, en estos tiempos debido a la facilidad con que se descargan estos contenidos sería casi imposible que accedieran a esos contenidos; en ese sentido entiendo que se limiten pero por otra parte, si existiese un modo de garantizar que sólo las puedan ver personas que puedan tomar la decisión libremente, no habría porqué censurarlos.
Aunque en este punto, me gustaría conectar estas películas con aquellas que analizamos en las que se representaban violaciones y de las que criticábamos algunos compañeros y yo, que aunque tratasen de denunciar ciertas conductas en realidad lo que parecía era que permitían disfrutar a personas que llevaban a cabo esas acciones reprobables. En el caso de estas “snuff movies” yo entiendo que sucede lo mismo. Aunque el autor trata de criticar este tipo de conductas y concienciar, los que ya saben que esas conductas son reprobables, no necesitan ver escenas de tal crudeza para convencerse.
Sinceramente a mí no me cuesta creer que existe gente que graba acciones muy crueles, el ejemplo más frecuente estos días es el caso de menores que le dan palizas a sus compañeros, lo graban y luego lo cuelgan en internet. Aunque por supuesto, hay situaciones como las que señalaba Antía en las que se filman películas con actores y se crean bulos acerca de si esos actores están vivos o no.

Anónimo dijo...

Alumna nº 13.

Mi opinión respecto a este tipo de películas es que la censura nunca es una opción. Cuando alguien decide por voluntad propia visualizar películas con este argumento sabe desde una primer momento a lo que se enfrenta. Creo que la censura es una forma absurda de querer "protegernos", de que vivamos en una dimensión paralela.
Estos escalofriantes sucesos ocurren en la vida diaria, por más que no se tenga gran conocimiento de ello, están a la orden del días y creo que la mejor manera de evitar estas atrocidades es teniendo conocimiento de que suceden.
Muy buen trabajo el de mi compañera. Y esperemos que la censura sólo sea algo lejano y que sigamos recordándola como algo que pasó, pero que no volverá a afectarnos.

Anónimo dijo...

LORENA QUINTAIROS (14)

En mi opinión este tipo de películas, calificadas como "snuff movies" (en las cuales los autores "la palman" de verdad) son un mito convertido a leyenda urbana, ya que no hay pruebas reales en las que se haya asesinado realmente a algún actor/actriz para conseguir el realismo en las escenas.

En relación a la crítica que se hace sobre snuff movies-censura, lo que realmente deberíamos preguntarnos es si es lícito representar cualquier cosa en nombre del arte. El arte se escuda en que las imágenes que presenta son falsas y en ellas nadie es torturado, asesinado o violado realmente. En cambio, hay quienes quieren ver en ese tipo de arte, y con la finalidad de justificar la censura, la existencia de algún tipo de “apología”, esto es, un simple ensalzamiento de algún crimen grave. El problema radica en quién tiene la capacidad para marcar la línea entre un filme violento y un filme que haga apología de la violencia.

Es tan posible que alguien se excite viendo las escenas de violación de una película de este tipo, como que alguien obtenga la idea de cometer un asesinato tras haber visto una película p.ej. de Tarantino y no por ello nadie se plantea la necesidad de censurar cualquier film en el que se contenga un asesinato o una violación.
Desde mi punto de vista está claro que la finalidad del cine es entretener y no educar, por lo que no deberán censurar sus imágenes por el miedo de herir sensibilidades, o por ser excesivamente violentas o repugnantes. Habrá a quien le gusten películas con más o menos asesinatos, violaciones, etc. pero no debemos olvidar que realmente esas escenas son falsas, son realizadas por actores que en ningún caso son realmente violados, asesinados, golpeados,…, por lo que a quien no le gusten esas películas tendrá la oportunidad de no verlas, levantarse de la butaca del cine, cambiar de canal, etc.

Angelo dijo...

Interesante aportación. Particularmente no creo que la existencia de snuff movies reales se trate de una simple leyenda urbana sin fundamento. Evidentemente dichas películas no llegan a los circuitos comerciales ni obtienen una difusión lo suficientemente elevada en la red, por razones obvias, pero no se puede descartar su existencia, máxime cuando los actos descritos en las mismas no son precisamente impensables.

Cuando las prácticas realizadas en este tipo de filmaciones son ficcionadas ya entramos en terreno pantanoso. El cine, como ya he señalado otras veces, es un vehículo para contar historias. Incluso, la muestra de imágenes impactantes y explícitas pudiera tener un fin disuasorio, reflejando una denuncia velada hacia dichos actos por parte del cineasta.

Ahora bien, por una vez, no seamos ingenuos. El que una película como "A Serbian Film", en la que un actor se ve forzado a ser partícipe de escenas de tal sordidez en contra de su voluntad luego sea acreedora de un premio por convertirse en una especie de adalid de la libertad de expresión es amargamente irónico, y deja clara cuál es la postura del ser humano con respecto al concepto de libertad, un "todo vale" limitado por unas normas, jurídicas y sociales, que ponen freno al caos que supondría su ausencia.

La censura es una forma fácil de poner una venda en los ojos para tapar aquello que no interesa. Una actitud cobarde que no ofrece una solución real, sino que únicamente alimenta el deseo de contemplar lo prohibido. Las ansias de morbo se ven incrementadas y el círculo continúa girando.

La solución pasa por desprenderse de dichos impulsos para abrazar otros más edificantes. Y en eso no solo la educación tiene algo que ver, sino la propia predisposición del individuo a orientar sus energías a su crecimiento personal en lugar de la pasiva (y cómoda) satisfacción de sus deseos más primarios.

Anónimo dijo...

Alumna nº 1 Paula Blanco Álvarez


En primer lugar, me gustaría felicitar a Antía por el trabajo, ya que deconocía lo que era exactamente una snuff movie y porque me parece un trabajo muy interesante.

En lo referente a los vídeos de torturas, muertes reales, violencia, etc, creo que es un fenómeno no solo real sino también en aumento. Un ejemplo, como bien se decía en el artículo, es el visionado de la muerte de Sadam Husein ahorcado por youtube, que contó con millones de visitas de los internautas. Yo creo que esto se enmarca dentro de un proceso de inmunidad e indiferencia al sufrimiento ajeno que se está dando en la sociedad actual. Si bien es cierto que las snuff movies pueden representar la cúspide de este fenómeno, la sobreexposición cotidianamente a la violencia provoca que estemos reduciendo nuestra capacidad de empatía con la desgracia ajena. Por ejemplo, cualquiera que vea cualquier telediario a diario ve imágenes explicítas de peleas, de personas ensangrentadas trasladadas en camillas, de lisiados, etc. Todos los días hay noticias de guerras, de catástrofes naturales, de asesinatos, de violaciones, etc.
Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que debamos censurar o no emitir estas imágenes, sino que debemos ser conscientes de la gravedad de lo que estamos viendo pese a que sea a diario y no acostumbrarnos a ellas y tolerarlas como algo “normal”, que tiene que pasar.
También es preocupante que youtube y otras redes sociales sean utilizadas cada vez más por adolescentes para colgar videos sobre palizas a compañeros, pequeños hurtos o vandalismo. Creo que en este caso se trata, muchas veces, de puro mimetismo, es decir, de copiar a otro que hizo lo mismo pero superándolo. Y muchas veces los informativos dan cobertura a esto sacándolo en el telediario, lo cual creo que es una forma de darle más publicidad a esos videos violentos y de favorecer que salgan más imitadores. Por muy triste que parezca esto.

En cuanto a las películas snuff de ficción creo que en ningún caso deben ser censuradas porque se trata, precisamente, de ficción. Por tanto, cualquiera debería poder decidir (siempre que tuviere la edad apropiada al contenido) si verlas o no libremente y no se deberían censurar bajo ninguna circunstancia. Además, creo que con la censura y la prohibición no se consigue nada más que incitar al morbo y provocar justo el efecto contrario que pretende la censura.
No obstante, dudo que los autores de este tipo de películas consigan la finalidad de concienciar a la población que pretenden, ya que creo que una persona racional no necesita ver una película de pederastia o violación explícita, por ejemplo, para considerar ese tipo de conductas una aberración.

Anónimo dijo...

Número 9.

Mi opinión es que no debe censurarse la exposición de violencia en las películas, debe prevalecer la libertad de expresión y creación, siempre y cuando se respeten los derechos de los demás, y para ello simplemente se debe velar para que no se expongan elementos “de dudoso gusto” ante quien no quiera verlos. Pero quien lo busque, si luego se impresiona, que no lo buscara.

No es que me guste este tipo de cine, pero me pongo en el papel del director, del responsable de fotografía, del de iluminación, de los maquilladores, de los montadores… y puedo llegar a entender que recrear escenas violentas y que parezcan reales y resulten repulsivas es un trabajo laborioso y lleno de detalles técnicos, pues no todas las películas violentas son simples derramamientos de sangre, como en todos los géneros hay cine de calidad y cine basura.

Lo que me parece peor es que el espectador vaya a ver una película sólo porque se rumorea que los muertos son de verdad… ¿buscamos arte o morbo? Pues sin duda, el morbo vende más que una gran ficha técnica… pero no es más que un reflejo de a donde llega la bajeza de la sociedad actual.

Anónimo dijo...

Estefania fernandez
En mi opinion las snuf movies son un tipo de cine que deberiamos eliminar de nuestros criterios. No cabe en mi cabeza como la gente puede llagar a disfrutar con ese tipo de peliculas donde el sufrimiento y el dolor humano se muestran como fines para el entretenimiento y divertimiento de otros tantos humanos.

Anónimo dijo...

Alumna nº10:

Estoy de acuerdo con mis compañeros que defienden la idea de que este tipo de películas no aportan nada al género cinematográfico, sino que lo único que hacen es servir de material de culto para determinadas mentes perniciosas que se jactan de su uso y se valen para incentivar su dantesca imaginación para cometer este tipo de actos delictivos.

Porque no nos olvidemos que sí se están representando actos delictivos, son conductas tipificadas, y pese a que sean interpretadas por actores, lo cierto es que no por ello dejan de ser actuaciones constitutivas de delito.

El hecho de que estas barbaries no sean llevadas al cine, o por lo menos no con tanto detalle, no quiere decir que exista censura. Porque si así fuera nunca se podría haber rodado ninguna película sobre las Guerras Mundiales, el Holocausto Judío, la Guerra Civil española y el régimen franquista, etc.

Conocemos la crudeza real de esas situaciones, sabemos hasta que punto puede llegar el Ser Humano, pero también sabemos que el hecho de que en una película se represente hasta el límite estos hechos delictivos, puede dar a entender que la misma hace apología de este tipo de comportamientos.

¿Por qué? Pues sencillamente, porque al cine van personas de todas las edades y con distintos niveles culturales, y al acabar de ver una película, seguro que cada uno de ellos extrae una consecuencia distinta, no quiere decir con esto que estemos presumiendo que por visionar estas películas serán delincuentes en potencia, porque sino estaríamos atentando contra la Presunción de Inocencia consagrada en nuestra Constitución.

Sino que lo que estamos diciendo es que lo que hay que tener en cuenta es ¿qué lleva a las personas a ver ese tipo de películas? ya que eso es lo que motiva que se sigan haciendo.

Uno de los casos más sonados fue el de "Holocausto Caníbal".
Esta película, que supongo que ya os imaginareis cual puede ser su contenido, fue prohibida en numerosos países.
En el rodaje se mantaron a varios animales, pero por si esto fuera poco, lo peor de todo es que existe la teoría de que los actores de la película fueron realmente asesinados.

Y la verdad es que el surgimiento de esta teoría fue lo que motivó que muchas personas intentaran visionar esta película. ¿Pero cuál es el motivo? ¿Por morbo? ¿Por saciar pensamientos sádicos?

Anónimo dijo...

Después de leer al arículo sólo se me ocurre decir: - uf!
Desconocía la magnitud de las películas de este género, y opino igual que la mayoría de mis compañeros que una cosa es una película con contenido fuerte o violento producto de la creatividad que puede gustarte o no y otra cosa muy distinta son vídeos reales de torturas y cosas semejantes...Recuerdo cuando vi la película: Un corazón invencible basada en hechos reales, en la que se muestra el sufrimiento de un a mujer a la que le secuestran al marido periodista unos talibanes... Al final es ejecutado y aunque la película no va más allá se decía que por internet circulaba el verdadero vídeo de la ejecución de ese periodista...
Y ya por aquel entonces me pareció fuerte aunque los terroristas necesiten mostrar su cara más violenta...